Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE SERIE DE FILMIN

El Tiempo de la Felicidad: Más petroleo

8 episodios. En la víspera de la Navidad de 1969, se enciende una luz en el Ocean Viking. Phillips ha encontrado la reserva de petróleo más grande de la historia y todo está a punto de cambiar.

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Crítica de Daniel Bernal

Parece ser que estamos (seriéfilamente hablando) ante el momento cumbre por parte de Noruega. En los últimos años han pasado por nuestro país títulos verdaderamente excepcionales, como por ejemplo, la recién llegada Homeground. No obstante, a El Tiempo de la felicidad (Lykkeland, 2018) le falta esa chispa y ese dinamismo característico de sus obras compatriotas.

Pål Jackman, que ya venía de participar en la dirección de la serie Monster, y Peter Naess, que debuta en el apartado seriéfilo, nos traen una obra agria, áspera en muchos de los momentos acaecidos en el conjunto, mientras que en otros, resulta una experiencia visual ciertamente gratificante. A la obra que nos acontece le cuesta arrancar, no logra atrapar directamente al espectador y, por lo cual, no ayuda a conectar en su totalidad con ella.

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Esta serie es un ascensor que sólo permite subida, donde en los primeros capítulos se mantiene en la planta baja pero que consigue ascender con gran velocidad en el avance de la historia.

En Lykkeland, los primeros capítulos cuentan (en la mayoría de las ocasiones) con una trama insignificante, logrando recordar a la serie norteamericana The Walking Dead, donde la mayor parte del metraje resulta baladí, pero que consigue alcanzar un final realmente eficaz y atrapante.

Por el contrario, cuando llegamos a la segunda mitad de esta temporada el nivel aumenta, logrando absorber al respetable en un torbellino tenso y agarrador, con un desenlace embaucador y vibrante.

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Los personajes de Christian, Anna y Toril son los que verdaderamente levantan esta serie. Sin ellos, este conjunto tendería hacia la mediocridad más absoluta. Las tramas en las que no aparece uno de estos protagonistas son planas y monótonas, resultando irrelevantes en su mayoría. También cabe destacar al bebé de Toril, que causará una ternura fulgurante.

En cuanto a la fotografía, El tiempo de la felicidad es magistral, una experiencia visual exquisita; y es que, las obras nórdicas nos tienen acostumbrados a una calidad técnica sobresaliente.

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También cabe mentar las canciones que se pueden escuchar a lo largo de esta temporada, donde me gustaría hacer hincapié en el minuto 19 del quinto episodio, donde comienza a sonar esa majestuosa canción llamada “American pie” del mítico Don McLean, regalándonos el momento más simpático y brillante de todo el visionado, donde al público no le quedará otra que bailar bajo el ritmo de la música.

En conclusión, para el que escribe estas líneas, El tiempo de la felicidad es una serie agridulce que gustará a unos y a otros, no tanto. No obstante, nos regala momentos que merecen la pena visionar. Podemos decir que a esta serie se le podría haber sacado más petróleo.