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ESTRENO EN CINES DE ESCAPE ROOM: LA PEL.LÍCULA: 11 DE MARZO

Entrevistamos en exclusiva a Héctor Claramunt i Joel Joan: “Los catalanes, y en general el mundo, estamos viviendo una escape room”

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Entrevista a Héctor Claramunt i Joel Joan: “Los catalanes, y en general el mundo, estamos viviendo una escape room”

 

Héctor Claramunt

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¿De dónde surgió la idea para la obra?

Joel y yo estábamos muy aburridos y cansados tras dos temporadas de El crac (2014-2017). Fuimos un día a hacer un escape room para divertirnos y ver de qué iba, cuando empezaban a estar de moda. Unos días después de hacerla, comentamos que era un buen escenario para una obra de teatro, que era lo que nos apetecía hacer. Con Joel siempre hablamos de qué personajes y situaciones podrían haber, lo cual nos salió muy rápido. De seguida encontramos las ideas que nos hacían gracia, la escribimos, la estrenamos, funcionó muy bien y aun se sigue representando. En un momento dado, nos apeteció hacer la película porque creemos que la versión cinematográfica ofrece toda una capa a la que el teatro no puede llegar y nos lanzamos. Y ya está hecha.

¿Cómo ha sido adaptar la obra al cine?

Fácil, porque por suerte veníamos de un texto al que pocos inventos se le podían hacer ya. Es una historia con unos personajes y unos conflictos que seguro que no íbamos a cambiar. Lo que tienes que encontrar es la manera de optimizarlo y enriquecer con lenguaje visual, darle más juego al escape room, aprovechar que tienes los elementos del cine para ponerlos a su favor, apostar más por el thriller... Era potenciar lo que en teatro no puedes potenciar, pero tomando la base. En el fondo es: “si no está roto, no lo arregles”. No puedes hacer inventos ni salir de Escape room, por eso lo que intentas es mejorar la base.

La obra de teatro también se representó en Madrid, pero con modificaciones.

Cuando nos pidieron la versión para Madrid, no tenía sentido ambientarla en Catalunya como la original. Entonces, usamos el referente del público madrileño y adaptamos toda la parte política de la historia a la idiosincrasia de Madrid. Pero funciona igual porque en el fondo el conflicto es el mismo. El conflicto es que hay varias posturas ideológicas, que bien pueden ser sobre la independencia, el feminismo o el PP y Podemos... Cada país tiene un conflicto político de fondo, se trata de encontrarlo y aplicarlo en la trama. Todos los otros conflictos, como el de pareja o la amenaza de la extrema derecha, son universales. Es hacer una pequeña adaptación de la parte política.

¿Ha sido complicada la hibridación de géneros que habéis hecho?

Uno de los retos más difíciles a la hora de dirigir la película es encontrar este equilibrio que parece fácil. De hecho, hay pocos referentes a nivel mundial que hagan esto, me di cuenta a la hora de buscar referentes. Hay muy pocas películas que jueguen al thriller y a la comedia casi al 50%. Encontrar este equilibrio entre no sobrepasarse de thriller, pero tampoco de comedia para no frivolizar, fue uno de los retos a nivel de dirección. Encontrar ese punto justo donde pueden convivir los dos géneros, sumándose sin entorpecerse mutuamente. Espero haberlo conseguido.

¿La naturaleza del proyecto, con pocos actores, os animó a rodarla en tiempos de restricciones pandémicas?

La pandemia, como a todos, nos pilló con el pie cambiado. En el momento de decidir hacer la peli, no fue un factor decisivo, pero no nos esperamos encontrarnos con este follón. Rodamos a finales de junio-principios de julio, coincidiendo con la quinta ola, la Delta, y yo estaba acojonado porque si alguno de los actores se contagiaba hubiera sido un drama, no habríamos podido rodar la película. La tendríamos que haber dejado a medias porque teníamos los actores y el plató disponible solo por unas semanas, sin posibilidad de alargar. Fue terminar el rodaje y que empezaran a salir los casos de COVID entre el equipo. Pensé: “¡Madre de Dios, nos ha ido de un pelo!”. No fue muy placentero rodar con esta presión de que no podía pasar nada.

La mayoría de los actores ya habían hecho la obra juntos.

Mònica (Pérez), Joel y Paula (Vives) ya la habían representado juntos unos cuantos meses, pero Ivan (Massagué) era un elemento nuevo. En este sentido, es chulo porque ya no era igual nada y fue una prueba ver cómo se adaptaban “al nuevo”. Creo que funcionó muy bien, he disfrutado mucho trabajando con ellos, trasladando las interpretaciones del teatro al medio cinematográfico. No puedes actuar igual en teatro que en cine, y me gusta mucho como se han adaptado. Estoy muy orgulloso del conjunto de los actores.

Habeis rodado la película en catalán y con la idiosincrasia catalana. A raíz del éxito de Alcarrás (Carla Simón, 2022) en Berlín, pero también de la crisis de la lengua catalana en el cine, ¿cómo valoras su estado?

No creo que tenga que valorarlo yo, porque ya lo hace mucha gente, pero la lengua catalana está en un estado precario, peligroso y de mucho riesgo. Pienso que es muy importante que se hagan más películas en catalán y que lleguen. No sirve de nada hacer cosas que después no llegan, es terrible. Es genial la visibilidad que ha tenido la película de Carla Simón, pero no debe ser el único caso. Es necesario que la industria catalana, para sobrevivir, haga películas que no solo vayan a Berlín, sino que también vayan a las salas de cine y que el público empiece a creer en ellas.

Que piense en ir a ver películas en catalán porque están muy bien. Esto pienso que la industria española lo ha logrado, con un público que acude a las salas a verlas. En Catalunya no tiene las misma confianza y no asocia el ir al cine con ver una película catalana. O lo conseguimos también, o la industria catalana morirá y quedará solo para un reducido circuito de festivales. El público necesita creer en ella y lo tenemos que intentar por todos los medios. Esta película nuestra es una apuesta en este sentido, de intentar creer el precedente de una película catalana que funcione y que el público tenga ganas de ver. No sabremos si lo lograremos, pero teníamos que intentarlo.

Joel Joan

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No es la primera adaptación que haces de una obra, ¿pero como ha sido adaptar Escape room a la pantalla?

Muy fluído, porque ya era una obra de teatro muy cinematográfica en si misma. Los primeros que la leyeron nos dijeron que eso era una película y cómo la íbamos a hacer en teatro. Hicimos la obra, fue en éxito y pensamos que teníamos que rodar la película de alguna manera. Ha sido muy divertido porque es una forma distinta de contar la misma historia, la misma alma y esencia de lo que hacíamos en el teatro, pero disfrutando más de los géneros, cosa que en teatro es muy dificil.

El thriller, el suspense, el terror, hasta el gore... En cine puedes llegar a más lugares con la música, los efectos especiales, la cámara y sus movimientos... Las interpretaciones son más naturalistas, no tan energéticas como sobre el escenario. Esperamos que el resultado guste a la gente tanto como a nosotros. Esta hecha para el público.

¿Dirías que el proceso de adaptación ha sido parecido al que realizaste para El nom (2018) u otras adaptaciones teatrales que has realizado?

El nom la hice sin éxito, partiendo de un éxito teatral de hace algunos años, igual que ¡Excusas! (2003). Era más fácil en el sentido que no había tantos efectos especiales ni jugaba tanto con los géneros. Tampoco teníamos que construir un escenario como el de Escape room, que ha implicado una inversión fuerte. El nom apostaba más por localizaciones naturales y, como en Escape room, contaba con el casting original, pero fue rodada con dos cámaras. No era tan ambiciosa como Escape room, sin tantos géneros con los que jugar ni efectos, pero el texto era brillante y las interpretaciones también, con lo cual ya andaba sola.

La película y la obra, además de esta hibridación de géneros, es una excusa para plasmar una cierta idiosincrasia catalana, algo más politizada que otras veces.

Es una metáfora. Los catalanes, y en general el mundo, estamos viviendo una escape room. En el fondo, lo que dice Escape room es tener cuidado con los fascismos porque se están llevando la partida y aquí estamos todos como unos memos pensando que esto no pasará nunca, que no volverá a suceder. No solo puede volver a pasar, sino que ya está pasando en Ucrania. Escape room es la gran metáfora de lo que nos pensamos ser y lo que realmente somos. Nosotros vendemos una imagen de nosotros mismos a los otros y a nosotros muy guay, positiva, fuerte, con una línea moral muy clara, repleta de principios. El escape room lo que hace es poner al límite estos personajes y desenmascararlos.

Y ver que todos en general, los catalanes quizás algo más, la humanidad entera es poca cosa. Vamos todos de grandes, pero dentro llevamos un chicharelo que se hace el duro delante de los otros, pero que a la hora de la verdad se caga, como la mayoría de los otros. En este sentido, es una comedia que habla de la verdad. Y eso es muy interesante porque reírse de la verdad, de lo que realmente somos y no de lo que nos gustaría ser, es muy purificador y resetea mucho emocionalmente. La risa sirve para decir las grandes verdades, como decía Billy Wilder. Si tienes que contar una verdad, por lo menos sé gracioso, si no te molerán a palos. Tiene toda la razón.

Es una comedia para que la gente se lo pase bien, sin pretensiones de ningún tipo, pero con mala leche. Ácida y sacando las vergüenzas a los personajes, sin dejar de ser nosotros mismos.

La frase promocional dice: “La comedia catalana del año. Bien, quizás la única”. ¿Piensas que realmente se hace poca comedia catalana?

(ríe) Poca no, pienso que en cine se hace nula comedia. En teatro no, somos unos cracks y hacemos mucha. En cine con la comedia corres el riesgo de que no tenga gracia. Ponerte en medio del público y que nadie ría. Una comedia sin gracia te desnuda mucho y puede hacer mucho daño, pero con el drama no sabes nunca lo que piensa la gente. Están callados y metidos en la historia, pero con la comedia te expones. Es blanco o negro, funciona o no funciona. Los gags están bien servidos o no lo están, la trama tiene gracia o no.

La comedia es básica. Reírse es lo único que nos salva de toda la mierda que nos rodea. Reír porque la alternativa es llorar. Ofrecemos al espectador de pasarlo bien. Hoy he escuchado risas en el pase de prensa, he visto que la gente estaba enchufada con la película. Esta es la razón por la que la hemos hecho: el público. Para que pase un buen rato y salgan del cine felices.

La habéis rodado en catalán, cosa que ya empieza a ser una rara avis ateniéndonos a las cifras de este último año (en los Premis Gaudí solo se presentaron 6 películas rodadas en catalán). ¿Por qué habéis hecho esta apuesta?

Porque es lo normal. Lo anormal sería haber hecho esta película en castellano intentando esconder nuestro país ni mostrar qué pasa exactamente en Barcelona, hacer un quiero y no puedo que nos diluye. No entendemos que esto es un valor, un activa. Ser catalanes, con una identidad, país y lengua propias, nos hace superoriginales. Aportamos un nuevo punto de vista y contamos una realidad que nadie más puede narrar, que es la nuestra. Con Héctor siempre hemos tenido claro que la película iba para nuestro público. Si desde aquí es un éxito y nos la quieren internacionalmente, nosotros estaremos muy felices, porque la temática es universal, sin duda. Tenemos que pensar que una película en nuestro mercado puede ser perfectamente rentable y que si hacemos películas bien hechas, comedias que hagan reír y dramas que hagan llorar, no solo tendremos público en casa y haremos industria, sino que también llegaremos por todo el mundo. Estoy absolutamente convencido.

Bueno, de hecho ya lo hemos visto con el triunfo de Alcarràs de Carla Simón en la Berlinale como mejor película, rodada en catalán, además de Lleida. Ella ha sido valiente. Y Escape room, a su manera, también es una película valiente porque no esconde quienes somos ni el conflicto que hay en el país, ni los distintos puntos de vista que hay. Pero aquí el productor, en general, quiere gustar a todo el mundo. Y cuando quieres gustar a todo el mundo, corres el riesgo de no gustar a nadie. No hace falta gustar a todo el mundo. Lo que hace falta es ser auténtico y fiel a lo que piensas, a la lengua que hablas y a tu realidad. Y esta es nuestra realidad.

Esto se agradece.

Al final, tenemos pocas películas. Vamos al teatro y nos vemos reflejados, pero en el cine todo es cine español rodado en Barcelona, con personajes de aquí pero que hablan solo en castellano. Todo esto es fruto de los miedos, de falta de autoestima y confianza, de creernoslo. Si queremos llegar al mundo y trascender el mercado español, somos más interesantes rodando en catalán que en castellano.

Sigues con las funciones de El gran comediant en Barcelona. ¿Qué proyectos hay de cara al futuro?

Ahora mismo con El gran comediant y Escape room es disfrutar y en el futuro ya veremos. Haremos más cosas seguro porque tenemos que alimentar a las familias, pero de momento ya tengo suficiente con esto.