CRÍTICA DE CINE

Gatos. Un viaje de vuelta a casa: Cautivadora y aleccionadora

Después de haber visto postergado su estreno en nuestro país en un par de ocasiones finalmente nos llega la nueva producción de la compañía Toho: Gatos. Un viaje de vuelta a casa (Rudorufu to ippai attena, 2016), un ejemplo de animación en 3D proveniente de Japón que tiene a una pandilla de gatos como protagonistas absolutos de la función. 

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Animación | 89 min. | Japón 2016

Título: Gatos. Un viaje de vuelta a casa.
Título original: Rudorufu to ippai attena.
Director: Mikinori Sakakibara, Kunihiko Yuyama.
Guión: Hiroshi Saitô, Hanmo Sugiura, Yôichi Katô.
Voces: Arata Furuta, Rio Sasaki, Nana Mizuki, Mao Inoue.

Estreno en España: 29/09/2017 
Productora: OLM Digital / Oriental Light and Magic (OLM) / Sprite Animation Studios

Distribuidora: Selecta Vision

Sinopsis

Un gato negro llamado Rudolf se separa de su amado dueño e, inesperadamente, se despierta en un camión que lo transporta hasta Tokio. Allí, conoce a  Ippai-attena, un gato jefe que es temido por todos en la ciudad. Incapaz de regresar a su casa, Rudolf comienza una nueva vida junto a Ippai-attena, quien en realidad no es como aparenta.

Crítica

Después de haber visto postergado su estreno en nuestro país en un par de ocasiones finalmente nos llega la nueva producción de la compañía Toho: Gatos. Un viaje de vuelta a casa (Rudorufu to ippai attena, 2016), un ejemplo de animación en 3D proveniente de Japón que tiene a una pandilla de gatos como protagonistas absolutos de la función. El tándem que dirige el film está formado por el novel Motonori Sakakibara (Final Fantasy: The Spirits Within) y el más veterano  Kunihiko Yuyama, realizador entre otras de la mayoría de películas sobre el popular personaje de Pokemon (la última, titulada La película Pokemon: Volcanion y la maravilla mecánica, ha supuesto un gran éxito en su país). 

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La trama sugiere una narrativa iniciática en la que  un gato negro llamado Rudolf se separa de su amado dueño.

La trama sugiere una narrativa iniciática en la que  un gato negro llamado Rudolf se separa de su amado dueño e, inesperadamente, se despierta en un camión que lo transporta hasta Tokio. Allí, conoce a Ippai-attena, un gato jefe que es temido por todos en la ciudad. Incapaz de regresar a su casa, Rudolf comienza una nueva vida junto a Ippai-attena, quien en realidad no es como aparenta. Aunque al principio parece que ha topado con un gato fanfarrón y pendenciero con el que va a aprender cual Lazarillo como sobrevivir en la gran ciudad mediante la picaresca resulta que tras la apariencia feroz se esconde un auténtico sensei (maestro, sabio o persona docta japonesa) quien le va a enseñar cosas tan esenciales como la importancia de henchirse de cultura para llegar a ser alguien en la vida.

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Desde luego estamos ante una propuesta a contracorriente de casi todo el cine de dibujos animados que se viene haciendo en los últimos años (Píxar-Disney aparte, claro). Mientras en la mayoría de blockbusters de animación que se estrenan casi cada fin de semana en multicines prima la acción a raudales y parece que en lugar de ir al cine estemos disfrutando de las distracciones propias de un parque de atracciones  aquí se invita al (mini)espectador a atender a las explicaciones que se nos van dando desde el respeto y la reflexión propias de quien va a una clase y tiene que escuchar atentamente al profesor. Las visitas a la biblioteca del colegio de los felinos protagonistas no tienen desperdicio, así como la forma inusual que tienen de ir consiguiendo comida de los distintos restaurantes y casas particulares que visitan. 

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El desarrollo argumental va calando hondo sin prisa pero sin pausa. Ayudado por un trabajo infográfico de los de quitarse el sombrero (la representación tridimensional de los barrios de Tokyo deja sin palabras) se van introduciendo los distintos caracteres mediante una precisa y preciosa descripción de cada uno de ellos, acompañada de una actitud contemplativa que le hace mucho bien al conjunto.  La fotografía evoluciona con las estaciones trayendo una suavidad a los personajes y a las múltiples decoraciones. Solamente los seres humanos parecen a veces un poco tiesos pero los perdonamos porque estamos en una historia de los gatos, y están lejos de ser los protagonistas principales, aunque no deje de resultar un tanto paradójico la decisión de haberles aplicado lo que se suele denominar como “lavado de cara”, suponemos que en pos de una mayor internacionalización del producto. 

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También es digna de resaltar la labor de los animadores del film, quienes con un presupuesto exiguo y recursos muy limitados a años luz de las megaproducciones de Píxar, Dreamworks y compañía consiguen que sus gatos caminen, salten y se comporten como felinos reales, cuando no se comportan con la misma actitud cómica de los humanos. De hecho, para los fans de fuera de Japón, este detallado trabajo de orfebrería animada puede servir como una excelente introducción a la vida, lenguaje y vistas de Japón, desde el punto de vista de un gato.

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En definitiva, una auténtica rareza para los tiempos que corren, ya que no deja de resultar extraño que se postule con un claro propósito educativo, eso sí,  realizado de forma muy divertida. Al igual que las mejores películas de animación para niños de toda la historia, desde Bambi en adelante, se trata de hablar cara a cara con el público infantil de verdades de la vida, mezcladas con fantasías divertidas. Y es que los gatos también lloran, y pueden conseguir que se te desgarre el alma, cualquiera que sea tu edad.