Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Nieva En Benidorm: Borrasca cinematográfica

Nieva en Benidorm

Nieva en Benidorm
Año
Duración
117 min.
País
España España
Dirección
Guion
Isabel Coixet
Música
Alfonso de Vilallonga
Fotografía
Jean-Claude Larrieu
Reparto
Productora
El Deseo, Televisión Española (TVE), Movistar+
Género
Drama. Thriller
Sinopsis
Peter Riordan es un hombre solitario, maniático y metódico, obsesionado por los fenómenos meteorológicos. Cuando le dan la jubilación anticipada en el banco de Manchester en el que ha trabajado toda su vida decide visitar a su hermano, Daniel, que vive en Benidorm. A su llegada a la ciudad descubre que su hermano ha desaparecido y que éste era propietario de un club de burlesque donde trabaja Alex, una misteriosa mujer que ejerce una poderosa fascinación sobre él. Peter y Alex intentan averiguar qué ha sido de Daniel, ayudados por una policía obsesionada por la presencia de Sylvia Plath en los años cincuenta en Benidorm.
Distribuidora: BTeam Pictures
 
CRÍTICA

Cuando hace tres meses se anunciaba a Isabel Coixet como ganadora del Premio Nacional de Cinematografía se justificaba la decisión por “su inconformismo, su versatilidad y la proyección internacional de su trabajo”. Razón no les falta, ya que la catalana no ha parado de entregar una ficción, documental o corto cada año ininterrumpidamente desde 2003, incluso en ocasiones por partida doble; rodadas en distintas partes del mundo, con atractivos planteles de actores tanto nacionales como extranjeros y navegando por un espectro variado de géneros, casi siempre arraigándose a las historias personales. Sabiendo vender su producto, ha conseguido tener presencia en Festivales de Clase A como Berlín, Venecia o Cannes (aunque casi siempre yéndose sin galardón). Como a otros cineastas incansables, esta hiperactividad suele pasar factura a la calidad de las obras, sin llegar a mantener la constancia debido al menor tiempo dedicado a cada producción. Isabel Coixet no es una excepción, pero la inconsistencia lleva afectándole desde hace más de una década, cuando firmó aquella notable adaptación de El animal moribundo de Philip Roth llamada Elegy (2008), y, si se apura, incluso esa extraño film con buenas ideas no del todo bien ejecutadas que es Mapa de los sonidos de Tokio (2009).

Nieva en Benidorm : Foto Timothy Spall

A partir de entonces, sus mejores películas no han sobrepasado la corrección, donde se incluye la excesivamente premiada en nuestras fronteras La librería (2017); filmando efectivas feel-good movies -la mencionada o Aprendiendo a conducir (2014)-, melodramas fríos --Nadie quiere la noche (2015) o Elisa y Marcela (2019)-, experimentos fallidos -Ayer no termina nunca (2013)-, discretos documentales o, simplemente, horrores del tamaño de Mi otro yo (2013). Había un cierto misterio entorno a cómo saldría la jugada con esta Nieva en Benidorm, ya que recupera en la producción a de los hermanos Almodóvar, quienes estuvieron detrás de sus mayores éxitos: Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005). De hecho, se nota la influencia del manchego en ciertos planos que tratan de emular las composiciones y colores de su cine. Tras asistir al viaje a Benidorm de un taciturno británico en la piel de Timothy Spall no podemos más que inscribir la cinta en cualquiera de las categorías anteriores, porque Nieva en Benidorm quiere ser muchas cosas y acaba siendo nada.

Nieva en Benidorm : Foto Timothy Spall

Durante sus dos horas de metraje la película está descentradísima, perdiéndose en lo que quiere contar a causa de, fundamentalmente, un perenne problema de tono. ¿Es una comedia? Podría, con sus apuntes de humor y una historia que en el fondo pretende ser tan reconfortante como La librería o Aprendiendo a conducir. ¿Es un thriller? La trama principal se sustenta en la búsqueda del hermano desaparecido del protagonista, desengranando un trasfondo turbio en la localidad alicantina. ¿Tal vez un drama romántico? Obvio que también, con la relación que establecen los maduros, grisáceos y algo castigados personajes de Spall y Sarita Choudhury; dando lugar a esas conversaciones sentimentales marca de la directora, amen de invocar a la mitología de Sylvia Plath.

Nieva en Benidorm : Foto

Ahora bien, todos estos ingredientes se mezclan en un cóctel aguado indigesto digno del peor garito infestado de guiris de la ciudad. Ninguna de sus vertientes funciona por no poner suficiente foco en lo más importante –ese amor maduro entre outsiders en tierra desconocida- y abriendo hilos que jamás componen un tejido resistente. Coixet es incapaz de generar tensión dramática por un lado, ni ofrecer buenos golpes cómicos por otro, lo que acaba mutando en una trama floja, peor desarrollada y que lleva a la indiferencia del espectador. Brevemente consigue capturar la esencia del lugar (esos shows eróticos, ancianos practicantes de Taichi o los imitadores de viejas glorias), cayendo un poco en la caricatura, pero no logra dar a este singular ecosistema una historia potente y de incesante interés, por su absurda ambición de dar al film más cabezas de las que puede alimentar dignamente.

Nieva en Benidorm : Foto Timothy Spall

Inconexa en muchos elementos de su guión (esos partes meteorológicos que pretendidamente estructuran la trama, pero que van por libre), repleta de frases existenciales vacías que se reducen al peor tópico atribuido popularmente a Coixet y desaprovechando muchos de los melones que abre –lo del rol de Ana Torrent clama al cielo, mereciendo las posibilidades de su personaje una definición más detallada-, son únicamente el correcto pero lánguido Spall, Sarita Choudhury en modo dama enigmática y las breves apariciones de Carmen Machi y Pedro Casablanc lo único rescatable de esta borrachera dispersa y olvidable. Eso, y la siempre estimulante audición de ese temazo discotequero que es Yes Sir, I can Boogie, de Baccara. Lo demás, otro título que pasa a engrosar su lista de experimentos fallidos en su film más caótico hasta la fecha. Un pastiche kitsch erróneamente concebido que deja al público más helado que el congelador del chiringuito y aún más aturdido que un británico a la mañana siguiente de haberse pateado los pubs. No pretendemos bajo ninguna circunstancia enviar a Coixet a un retiro dorado, pero a veces es conveniente una pausa para aclarar la cabeza. Y en Benidorm se le ha nublado.