Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Rock the Kasbah: No es país para viejos (rockeros)

Barry Levinson conoció tiempos de gloria en los años ochenta y noventa del pasado siglo gracias a títulos tan importantes que permanecen en nuestra memoria como Good Morning Vietnam, Rain Man, El mejor, El secreto de la pirámide o Toys (Fabricando ilusiones)

rock cartelComedia | 100 min. | USA 2015

Título: Rock the Kasbah. 
Título original: Rock the Kasbah.
Director: Barry Levinson.
Guión: Mitch Glazer.
Actores: Bill Murray, Bruce Willis, Kate Hudson, Zooey Deschanel.
Estreno en España: 04/03/2016 
Productora: QUED International, Shangri-la Entertainment, Venture Forth.

Distribuidora: Sony Pictures Spain.

 

Sinopsis

Un manager musical viaja junto a su último cliente hasta Afganistán para una serie de conciertos. Pero una vez allí se quedará tirado, solo, y sin dinero, pasaporte o transporte para volver a casa. No obstante, y cuando peor se le estaban poniendo las cosas, conoce a una joven con una voz portentosa, lo que le animará a viajar hasta Kabul para intentar presentarla a The Afghan Star, la versión local del conocido programa de televisión The American Idol. 

Crítica

Barry Levinson conoció tiempos de gloria en los años ochenta y noventa del pasado siglo gracias a títulos tan importantes que permanecen en nuestra memoria como Good Morning Vietnam, Rain Man, El mejor, El secreto de la pirámide o Toys (Fabricando ilusiones).

A partir de entonces, sea porque los tiempos cambiaron, o debido a que empezó a perder ese toque que le había llevado a ser uno de los referentes de su época, lo cierto es que su estrella empezó a declinar entrando en un sonoro declive que a día de hoy parece no haber alcanzado fondo. 

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Sus últimas producciones parecen más una reunión de amiguetes donde se recuerdan los viejos tiempos que otra cosa. Sus elencos siguen siendo de campanillas, contando con auténticos mitos del cine como Robert de Niro, Al Pacino o el malogrado Robin Williams, pero el resultado de su obra es paupérrimo, con historias que podrían tener algo de interés sobre el papel pero que en sus manos se convierten en manufactura barata de estar por casa. 

Sus últimas producciones parecen más una reunión de amiguetes donde se recuerdan los viejos tiempos que otra cosa

Así, a su colección de bodrios continuos de estos últimos años podemos apuntar films como Envidia, Algo pasa en Hollywood, La sombra del actor o esta Rock the Kasbah que ahora nos ocupa (es de justicia reconocerle algún mérito aislado, como ocurrió con la multipremiada TV-Movie Algo pasa con Jack, donde pareció por momentos reverdecer viejos papeles).

Aquí el héroe de la función no es otro que el impertérrito Bill Murray, quien desde que se destapara como actor dramático reclamado por los cineastas indies más recalcitrantes parece pulular por la pantalla más que interpretar. Su rictus de cómico lacónico acompaña a cada una de sus composiciones, y así sus comedias tienen ese poso de amargura que entristecen más que divierten.

Si su éxito más fulgurante de los últimos tiempos fue la algo sobrevalorada Lost in Translation, de Sofía Coppola, los títulos de casi todos sus trabajos posteriores deberían empezar por Lost in…, porque parece que la cosa no vaya con él. 

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En Rock the Kasbah, que para quien no esté muy puesto en el tema se trata del título de una mítica canción del grupo británico de rock The Clash, Murray se encuentra perdido en una tierra extraña, concretamente Afganistán; un lugar que desde luego es de todo menos idílico, y más desde que tuvo lugar el derrocamiento de los talibanes por parte de las fuerzas aliadas a raíz de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El protagonista, un promotor musical casi arruinado, viaja hasta tierra hostil para ofrecer una serie de conciertos.

En plan arengamiento de las tropas, el protagonista, un promotor musical casi arruinado, viaja hasta tierra hostil para ofrecer una serie de conciertos acompañado de la única representada que aún le queda en nómina (una desaprovechada Zooey Deschanel que desaparece al cuarto de hora y ya no se vuelve a saber de ella). 

A partir de entonces, la desgracia se cebará en su hierática persona, y por una serie de circunstancias se verá más solo que la una y tendrá que vérselas y deseárselas entre mercenarios, militares hastiados de la vida, buscavidas corruptos que intentan hacer bueno aquello de que “a río revuelto ganancia de pescadores”, y por supuesto el enemigo. 

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Pero su mala suerte dará un giro radical cuando, por esas casualidades de la vida, conozca a una especie de Marisol afgana con una voz de esas que quitan el hipo. Y allí estará el antaño descubridor de talentos para llevarla al estrellato, o lo que es lo mismo, presentarla en el concurso de televisión Afghan Star, una suerte de Operación triunfo muy popular por aquellos lares.

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El mayor problema que acucia a esta singular propuesta es lo mal que casan el tipo de comediante en que se ha convertido Murray, la dirección plana y desganada de Levinson, el sentimentalismo incipiente que destila el manido guion (firmado por Mitch Glazer, casualmente representante del actor y a la vez uno de sus amigos más íntimos) y la deprimente realidad del entorno.

Al menos podemos disfrutar de la siempre gratificante presencia de Kate Hudson; de la socarronería de un bastante apagado Bruce Willis, y de un score trufado de buenas canciones, de esas que conforman la banda sonora de toda una vida, con clásicos incombustibles de artistas como Cat Stevens, Steve Winwood, Bob Dylan…¡y hasta Shakira!.

Poco bagaje para una fantasía idealista poco matizada y lo que es peor, bastante aburrida.