Cine Nueva Tribuna

CRÍTICA DE CINE

Y Llovieron Pájaros: La libertad del anonimato

Y llovieron pájaros

Cartelera España 5 de marzo

Y llovieron pájaros

Título original

Il pleuvait des oiseaux aka 
Año
Duración
124 min.
País
Canadá Canadá
Dirección

Guion

Louise Archambault (Novela: Jocelyne Saucier)

Música

David Ratté, Andréa Bélanger

Fotografía

Mathieu Laverdière

Reparto

Productora

Films Outsiders

Género
Drama | Vejez/Madurez
Sinopsis
Esta es la historia de tres ancianos que han elegido retirarse del mundo y vivir en los bosques de Canadá. Al tiempo que un gran incendio amenaza la región, alguien llega hasta su escondite: una joven fotógrafa que busca a un tal Boychuck. Y no es la única. Poco después, una mujer de más de 80 años aparece como una brisa ligera que alborotará sus vidas. Mientras intentan comprender la historia de Boychuck a través de sus pinturas, algo extraordinario surgirá entre todos ellos.
 
CRÍTICA DE SANDRA P. MEDINA

La conmovedora mirada de la realizadora canadiense Louise Archambault , se ve reflejada en la adaptación de la novela , Y llovieron pájaros de Jocelyne Saucier, que narra la historia de tres octogenarios ermitaños Tom (Rèmy Girarld) Charlie (Gilbert Sicotte) y Boychuck (Kenneth Welsh) quienes viven con sus perros, aislados de la civilización en el bosque Abitibi.

Sin embargo, su rutina y calma se ve afectada tras la muerte de Boychuck y la llegada de Rafaelè (Eve Lanry) una fotógrafa que quiere hacer una exposición sobre las personas que se salvaron de los Grandes Incendios de Ontario a principios del siglo XX.

Rafaelè se instala en un pequeño hotel a cargo de un simpático y atractivo hombre llamado Steve (Éric Robidoux) quien rescata a su tía anciana Marie-Desgeine (André Lachapelle) de una vida abrumadora en un hospital psiquiátrico.

Y llovieron pájaros', Archambault resucita el 'feel good movie'

Steve le pide el favor a Charlie y Tom que dejen vivir a Marie en la cabaña del difunto Boychuck, cuyo misterio se empieza a apoderar de la trama y del interés de Rafaelè por descubrir su experiencia como sobreviviente de los Grandes Incendios, a través del legado que dejó con sus pinturas y cartas que le escribió a sus dos amores, unas hermanas gemelas.

Para apreciar la belleza de Y llovieron pájaros, hay que tener paciencia y disposición porque es como la vejez, pausada, contemplativa, lenta y sabia, y porque trata temas que pueden chocar al espectador como la eutanasia, el alcoholismo, los ataques de pánico, y el erotismo en la senectud.

Y llovieron pájaros | El Diario Vasco

Uno de los personajes que más me llegó al corazón fue Tom, un ex músico suspicaz, aficionado a la bebida, quien adora y no desampara a su perro y mantiene su cordura cantando y tocando la guitarra; uno de los momentos más bellos y emotivos de la película, es cuando Tom está reposando fuera de su cabaña mientras su perro lo acompaña tendido a su lado y entona la grandiosa canción Bird on a Wire, del memorable Leonard Cohen, cuyo verso describe la esencia de Tom “como un borracho a medianoche, intenté a mi manera de ser libre, como el caballero de un libro anticuado he guardado todas mis cintas para ti, si yo he sido cruel espero que lo puedas dejar pasar, si yo he sido deshonesto espero que sepas que no fue contigo”

Archambault se encargó de registrar de una manera honesta y sin tapujos, esa etapa de la vida a la que algunos le tememos, pero que nos deja una luz de esperanza al ver que no se necesita una edad específica para enamorarse, que somos los dueños de nuestras decisiones y que el aislamiento y la soledad, pueden resultar un bálsamo que nos permiten reconciliarnos con nosotros mismos y así mismo renovarnos.

Crítica de 'Y llovieron pájaros': libertad en la senectud

El amor, la libertad, la lealtad hacia nuestros perros, un cultivo de marihuana, un escenario bucólico y una narración sencilla y lineal, son los ingredientes de esta cautivadora y a la vez dolorosa película, que nos invita a vislumbrar la vejez como un período que se puede convertir en una experiencia en la que es posible recuperar el tiempo perdido porque enmarca con ternura imágenes que se contrastan entre la calma y la inquietud, y esbozan un retrato poco convencional de la vejez.