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CRÍTICA DE CINE DE DISNEY +

Predator: La presa: Más vale maña que fuerza

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Predator: La presa

Disney+ 5 de agosto

Predator: La presa

Título original

Preyaka 
Año
Duración
99 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Dirección

Guion

Patrick Aison

Música

Sarah Schachner

Fotografía

Jeff Cutter

Reparto

Productora

20th Century Studios, Davis Entertainment. Distribuidora: Hulu, Disney+

Género
AventurasCiencia ficciónAcciónTerror | ExtraterrestresSupervivenciaPerros/LobosNaturalezaSiglo XVIIIPrecuela
Grupos
Depredador
Sinopsis
Ambientada hace 300 años en la Nación Comanche. Naru es una joven guerrera, feroz y altamente hábil, que se crió a la sombra de algunos de los cazadores más legendarios que deambulan por las Grandes Llanuras. Cuando el peligro amenaza su campamento, se dispone a proteger a su gente. La presa a la que acecha y, en última instancia, se enfrenta, resulta ser un depredador alienígena evolucionado con un arsenal técnicamente avanzado, lo que deriva en un enfrentamiento cruel y aterrador entre los dos adversarios. Nueva entrega de la saga Predator.
 
CRÍTICA DE IVÁN BAILY

Es sabido que todo arte es un reflejo de su generación, un producto de su época, y que se entiende siempre mejor en su propio contexto que en cualquier otro momento en el tiempo. Cómo esto impacta en la obra en cuestión, qué tanto la pueda elevar o condicionar, es lo discutible y también es relativo cómo este marco generacional/temporal/social pueda presentar (tal vez limitar) a dicha obra con el paso de los años. Prey (La Presa), quinta película en la saga de Depredador (sin contar las Alien vs…), es un producto de una época increíblemente específica, y en varios aspectos. En cuanto a historia, el famoso bicho de la especie marciana Yautja baja a hacer deporte por primera vez a la tierra en 1719 y busca problemas entre una tribu comanche y unos franceses comerciantes de pieles; solo que en lo extra-cinematográfico, Prey le habla a una coyuntura social y artística más moderna imposible.

En primer lugar, es un film gestado en épocas de pandemia, construido de manera modesta y devolviendo a la saga a las bases, apostando a la sencillez y eficacia narrativa; algo en gran medida condicionado por las restricciones de producción de los últimos años, pero con resultados óptimos y presentando los mejores atributos que mostró la franquicia en décadas.

Segundo, es un proyecto con su lanzamiento contemplado en los tiempos del streaming; un escenario con unos cuántos cambios de paradigma respecto de cómo consumir cine, abriendo espacio para cuestionamientos como si el cine sigue siendo tal cuando ya no está comprometido a la exhibición en salas, o si esto debería informar la manera de hacer blockbusters en términos presupuestarios (ya que con el streaming difícilmente se tengan los retornos de las boleterías) etc, etc, etc… Prey, en efecto, no puede verse en salas comerciales, solo a través de plataformas digitales, lo cual dada su calidad es una pena enorme. Como dato de color, en streaming se puede apreciar tanto el audio original en inglés como un doblaje en comanche, según las preferencias personales (en ambos casos habrá partes en francés).

Imágenes de Prey, película precuela de Predator que llega a Disney Plus en  agosto | Hobbyconsolas

Y tercero, Prey es una película que le habla a la generación ‘woke’, encontrando su punto de vista y su discurso en una feroz protagonista femenina (una sólida Amber Midthunder), heroína en tiempos de celebración del feminismo, la identidad de género y tendencias varias asociadas a esta vanguardia social. Allí donde en los 80’s de Ronald Reagan se erigía un Schwarzenegger aceitado y calzado hasta las pelotas, y donde Depredador era un film cuyo título aludía al viril cazador intergaláctico a pura testosterona, Prey reconfigura el tablero, algunas reglas y presenta un título que honra a su protagonista, Naru, una guerrera comanche subestimada por su pares e incluso por el mismo depredador alienígena, y que con el correr de la historia usará su estigma social de «presa» para invertir los roles y triunfar donde nadie lo espera (con la ayuda de su fiel perro, claro… el segundo mejor actor de la película).

Agendas y doctrinas aparte, Prey acierta en esta perspectiva y renueva las energías de una franquicia que hace tiempo no tenía conceptos nuevos que aportar, y remarca a lo largo de sus 99 apretados minutos el esquema sobre los roles sociales y las jerarquías de poder. El Predator que baja a la tierra a romper los quinotos estudia la cadena alimenticia e interpreta quiénes son las especies dominantes, eligiendo sus batallas acorde… En la evolución de su cacería, jamás juzga a la diminuta Naru como una amenaza, siendo una mujer en medio de una horda de machirulos haciéndola a un costado permanentemente, motivo por el cual la ignora casi toda la película. Pero Naru se la banca (¡y cómo!) y tarde o temprano el Predator (otro machirulo), se va a dar cuenta del error que cometió al no matarla cuando tuvo la/s oportunidad/es. Maña e ingenio sobre la fuerza bruta, esa será la clave y la conclusión de Prey; un punto de conexión espiritual con la Depredador original, donde Arnie prevalecía dejando sus armamentos de lado y se embarraba todo para confundir al cara de cangrejo y derrotarlo en su propio juego feral. Las conexiones entre ambos films son varias y eso define a Prey como la secuela mejor inspirada desde aquella obra maestra de John McTiernan.

Y si, estamos en el fondo ante una precuela de Depredador que «hace moda y tendencia» en una época donde la ideología va muy de la mano del espectáculo, y si bien el trazo discursivo es un pelín grueso y el film de Dan Trachtenberg nunca oculta sus intenciones, las herramientas con las que el director de 10 Cloverfield Lane construye su aventura son tan eficaces que no da lugar a demasiada réplica ni cuestionamientos políticos. Prey está dirigida con una precisión casi absoluta, acusa una prolijidad estética y una potencia visual no vistas en una entrega de la saga desde la original, y es contundente y visceral. Se la nota muy cuidada y calculada a nivel plástico, en parte cortesía del fotógrafo Jeff Cutter, y esto se ve potenciado con una inspirada banda de sonido de la compositora Sarah Schachner (el leitmotiv central de la película/tema de Naru, es bastante épico). Prey es particularmente una experiencia intensa; cuando la acción arranca, no para y tampoco defrauda; las coreografías son creativas, ambiciosas, y a pesar de que algunos truquitos digitales distraigan secuencia por medio, en conjunto el film funciona, entretiene y emociona.

Predator La Presa': La confusión de los postcréditos

Como Naru durante la cinta, Prey pareciera destinada con su marketing y distribución a ser injustamente pasada de largo, a pesar de ser más especial de lo que aparenta. Un producto diseñado para disfrutar a lo grande y tristemente relegado al formato chico; uno al que Disney no le apostó y con mal juicio, una víctima de su entorno. Si tan solo los ejecutivos hubieran visto su propia película y tomado notas de su retórica… El mañana dirá qué tan relevante fue Prey en su contexto y cómo sobrevivirá, tanto en materia de género y espectáculo como en aquello que tiene para decir sobre la vida en tiempos de crisis sociales y existenciales de todo tipo. A la fecha, al menos, un sorprendente entretenimiento. CINEFREAKS